miércoles, 23 de septiembre de 2015

Canicas

El tic-tac del reloj de la pared de mi habitación no me deja pensar con claridad. Son pasado las cuatro y media de la madrugada sin haberme percatado siquiera, es más apostaría a que eran las doce de la noche, habiéndose acelerado las agujas de alguna manera u otra. Pero como sé que es improbable, lo expulso rápidamente de mis pensamientos. La pantalla de mi ordenador sigue iluminando mi inmóvil cara, apenas se me ocurría que debía hacer. Una simple llamada de teléfono me anuló toda acción premeditada. Intentaba que, de una manera u otra, mi mente asimilara que mi novio está muerto. Sin saber el porqué, su alma se había esfumado y la policía consiguió mi número para comunicármelo. Desde entonces, sigo en mi incómoda silla oyendo como llaman repetidas veces al fijo de mi casa.


“- Perdone, ¿es usted el señor Landom? -dijo una grave y seria voz desde el otro lado del móvil-.

- Sí, así es. ¿Quién lo pregunta? -pregunté con una mezcla de temor y sueño-.

- Verá, señor. Soy el comisario Unax y le llamo por si usted conocía al señor Rescatador.

- Claro que sí, es mi pare… ¡Es mi primo!. ¿Ha pasado algo agente? Dígame.

- Lamento decirle que hemos encontrado su cuerpo empalado en una farola del barrio Pino Montano, aquí en Sevilla. En un bolsillo de su pantalón encontramos su teléfono móvil y es usted su primer contacto de urgencia. Debería llamar al resto familia, comentar lo sucedido y acudir al depósito forense de Sevilla a confirmar la identidad del individuo. Lo siento mucho, le doy mi pésame.”


Ya lo vi demasiado claro, sin lugar a dudas. Abrí mi cajonera, la cual tenía situada a mi derecha, sin ni siquiera levantarme del asiento. De ahí cogí una carta guardada dentro de un viejo sobre titulado “Objetivos para poder suicidarme”. Un título muy vivo, lo sé. La desdoblé por completo y me dispuse a leer:



Si estás leyendo esto es porque ya has conseguido tachar algo más de tu lista. Debes de ser muy consciente que puedes añadir un nuevo objetivo por cada año vivido, a partir del décimo tercero. También debes saber que si consigues rebatir todos y cada uno de ellos, deberás irte a las vías de tren más cercanas para saltar a ellas cuando un tren de alta velocidad se aproxime. De esta manera aseguras que el final del juego sea tan rápido e indoloro como un bonito clásico de pegarse un tiro. La diferencia con este segundo es que no da lugar a error, ya que es una máquina a trescientos kiĺómetros por hora, sus firmes piezas de metal y su monstruosa masa te dejarán hecho un puré; literalmente.

1.- Escribir tu propia novela. Conseguido.
2.- Haber odiado y seguir odiando a una persona a pesar de haber muerto durante tu vida. Conseguido

3.- Encontrarte al menos tres canicas muy juntas en el mismo área urbano.

4.- Hacer llorar a alguien mediante la improvisación de una historia. Conseguido

5.- Conseguir que una persona asuma una frase tuya como lección en la vida. Conseguido.


Tras haber leído toda la carta, me levanto bruscamente, provocando que mis rodillas al no estar preparadas, crujan. Doy media vuelta y me dirijo hacia mi armario. A pesar de estar todo completamente oscuro sin contar con la tenue luz de mi ordenador, puedo localizar un tarro de cristal lleno de canicas que hay en una de las baldas. Con una leve sonrisa, lo dejo caer por la ventana; estalla en la calle. Me visto, no llevo nada encima y salgo de mi casa. Sabiendo lo que me encontraré al pisar la acera.

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