A veces me pongo a pensar en la importancia de mi aspecto,
solo cuando tú me miras cada una de mis cicatrices en el espejo.
Es difícil describir cómo consigues erizar mi piel dejándome perplejo,
aunque también aprendí que lo difícil no es volar tan alto ni tan lejos.
Si quieres encontrar la clave de la vida, solo disfruta cada segundo del vuelo
me enseñaste que mi alma puede dar calor y mis abrazos dar sueño
en los que te sumerges para olvidar un mundo malo donde todo tiene dueño.
Sin saber cómo llegué hasta a ti, pude acariciar tus sentidos por el cuello;
dejándoles llevar la rienda de mis latidos por las nubes de tu cielo
en las que observamos nuestro mundo, hecho a nuestra medida y deseo.
Me es imposible mentir a tus ojos inundados de verdad con excusas de recreo
sabiendo que tú eres quien me enseña de la vida lo malo y lo bueno.
Que mi cuerpo sea tu pizarra donde plasmar todos tus pequeños miedos
con los que juegas noche y día al escondite. Piensas “a ver si los pierdo”.
Cuando solo quiero que confíes en un alma errante que se volvió velero
de tu mar de dudas, encontrando por tormentas un faro; nuestros recuerdos.
Daño no hay cuando estamos cerca, juntando nuestras carnes… De hecho
estos versos me enseñan que aún tienes miedo al sonido de un “te quiero”.
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