Quiero cuadricular cada una de tus preciosas curvas
en mil dibujos de tinta marrón del lienzo de tus ojos.
Para agujerear mil paredes en la piel de mis recuerdos, desnuda;
ser claves soleadas en fa y do para aprender tu voz y tono
cada una de las mil historias en más de una cueva de lujuria,
volviéndome loco ante tus esquemas mientras dejo caer mi trono
a tus pies pigmentados por la pureza de la sonrisa de una musa.
Te dije que era fuerte, intenso; y me bebiste de un solo sorbo
como agua que corre río abajo; me quedé sin miedo a la altura.
Porque avanzamos, nubeseando por los cielos escarpados y rojos.
Teniendo de manía titubearte mandinamente palabras mudas
que me invento en las escristorias impresíviles sin voto.
Se desmontonan mis versos por imnosifenia paraística se frustran
porque los comprendas en su caisanda de la fluz de loto.
Tú, mi cuerda de huida en las bocas sin mordevisuras,
sí, es rarieciente; pero nadie sabe que promemeñique no se ha roto.
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