Gracias a ti aprendí a volar, noche y día, a ras de más de un mar
sin saber las palabras exactas, me enamoras como una estrella
que se cruza por el cielo un segundo y mis deseos salen a flotar.
Ninguna de mis luces me apagó la ilusión al ver en mi piel tus huellas,
sin tener cuidado, sin medir mis versos a mi corazón le daba igual;
ya eran las cinco madrugadas más bonitas de la vida de una maleta.
Baúl de cuero donde guardo nuestros mil recuerdos del mundo de verdad
que nadie le teme a nada, ni nosotros a las ramas, de un árbol con precuelas.
Cuyas historias con sus frutos terminan pasadas o maduras ya no están.
De mi camino largo y sin atardecer no quedan botas ni suelas
con las que avisar al mundo: “puedes conseguirlo, pero no dejes de soñar”
era mi mente quien hablaba, pero mi corazón actuaba, juntos, en pareja.
Nadie se equivocaba en el camino, porque saber las vueltas es secreto mortal.
Puedes robarme cuarenta veces mi sonrisa de ladrón, que mi alma se deja
por ver tu cueva transparente, todo vale más que el oro, sincero Alí Babá,
que encontró el verdadero hueco donde ver un desierto como agua celestial.
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