sábado, 10 de septiembre de 2016

Piro Vendetta


Quise probar a medir mis palabras por longitud e intensidad
un frío atardecer de otoño en un corazón azul pero sin mar.
Cuando me quedé pequeño por el choque entre inmensidad
de un cielo azul con penumbras aguadas en botellas de cristal
y el roce de un salado agua con olas intentando mis pies alcanzar.
No supe nunca qué color daba a quién guerra y qué otro pedía paz
ya que el manso agua terminaba en un golpe de espuma sobre sal.
Acompañando a mis pasos cada grano de arena, a otro verso avisad,
yo aún no me hundo ante la batalla del tiempo, que cae una noche más
entre tantas mis falacias colgadas en mi alas y así no poder volar.
Juégame, sumérgeme, ahógame sin que el viento venga detrás,
seguro que me mira con ojos de locura para que no vuelva jamás.
Entro en tu jardín a por una flor, cualquier excusa me sirve, pero dime cúal.
Siempre tuve malas decisiones, hasta hoy, agua y aire, déjame llevar.

Sigo pensando camino a la montaña como tú, puesta de Sol
puedes surcar entre mis dos mundos y yo no tengo petición.
Me vuelve loco tanta falta de alas, tanto esfuerzo para un no,
sabiendo que las fuerzas ya no las guardan mis ganas de tifón.
Sigo escarbando en los pensamientos olvidados de mi timón
de un barco fantasma y perdido por tu sonido en clave de Do.
¿Será tarde para un simple chico volar como tú, como Dios?
Aunque sean mil los sueños que deje atrás en la vida por decisión,
un sueño se fuga por mi ventana, es tu aire quién me lo robó;
viejo conocido con el que mi alma, tu marea de noche ahogó.
Es imposible contar toda mi historia por suerte o maldición.

Aunque este último intento me secunde, yo, Fuego, termino sin corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario