domingo, 17 de diciembre de 2017

El alba de Troya

Estando a centímetros mi corazón se vuelve la guerra de Troya
que avanza con humo blanco dejando atrás al viento de la mañana.
Sólo se calma este pecho intrépido cuando sobre él reposas
contándome que tienes miedo del mundo y que aún así le ganas.
Susurrándome con tu voz de chica que perdió su amor por demora
entre los laureles humeantes que ocultaban una tormenta insana.
En ella desapareció la calma durante milenios sin saber porqué azota,
pero una noche no vino, no aporreó sus pensamientos; se perdió en la nada.

En cambio, aquí estoy ahora, lanzando miradas a las estrellas
desde un suelo frío, duro y lleno de piedras en mi espalda.
No consigo levantarme, mis brazos se rinden a mis pulmones sin fuerza,
me prometí a mí mismo esta mañana, por valentía, no bajar la mirada.
Aún sabiendo que vine por orden de un emperador, a luchar por gracia
de unos dioses que me han abandonado cuando el sol se clamó alba.
Porque cegado por sus rayos, dignos de Hefesto, no vi su lanza de rabia
que vino directa a mí, reabriéndome una cicatriz para que escape el alma.

Pocos son los versos que me quedan con vida, mi querida Airlia,
como tu nombre o mis palabras, deseo que perduren para siempre.
El mundo conozca a la gran mujer que domina los mares y sus orillas
para así salvar a su pueblo de una devastación de Hades presente.
Sólo ella es capaz de dar razón a mis ojos viendo que el cielo brilla.

A pesar de ser negro, me dirijo a una luz blanca, me depara la muerte.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Leona de Granada


El cuerpo cae en una cama que no es suya,
no le reconoce las formas ni tampoco sus manías.
Que aún así, se levanta de madrugada por pesadillas
pero ve que está como en casa, que con ella se acurruca.

Se gira y acaricia su pelo de leona guerrera,
'ya es una noche menos por Alhambra' piensa él.
Dándose cuenta de que la maravilla del mundo es ella.
Ya se deja caer sintiendo el calor de piel con piel.
Para que vea que eso no es escondite, sino estar cerca
porque cuando hay peligro, ella es casa, del uno al cien.
Intentando contar sus defectos... Se quedó noche en vela,
no le dejaba caer un pensamiento, no encontraba razón de ser.

En su espalda quedaron las garras de su bestia interna,
recordándole que no será en vano el tiempo que apostaron
a una sola carta: as de corazones, guardián en mano.
Sostenta entre sus dedos, un mundo entero para una reina.


viernes, 22 de septiembre de 2017

Hoja de roble



Vivo desde hace un tiempo en una tierra extraña,
donde todo es más fuerte cuanto más fácil cae.
Donde los ríos nos llevan agua por miedo a que pare
en uno de esos lagos no hay peces sino telarañas.

El tiempo pasa tan lento que cuando comencé a vivir,
cumplí más años que noches en este verano interminable.
Precioso como él mismo, lleno de amor y sin dolor cobarde,
guiando a corazones valientes lejos de canciones de lengua vil.

Una de ellas cuenta que una casa cualquiera caerá una hoja
de roble, color marrón y seca víctima del otoño.
Siendo señal para huir de allí como gigantes en una hora
porque la ola de la niebla negra ahoga en mareas de no retorno.

Llevo viviendo en este lugar maravilloso más de tres milenios,
me llama la atención que nadie se preguntara cuándo,
ni cómo ni cuánto duró la última primavera, por la curiosidad y el ingenio.
Ya que el señor más anciano nació el último día de estación; esfuerzo en vano.

Hoy me despierto extrañado, no se escucha nada allá fuera,
si no fuese por el rechinar de mi caja, juraría que no oía.
Abro las ventanas y no había nadie, el calor de mi habitación huía.
Bajé hasta la plaza, cielo color gris. Vuela algo marrón, con tallo y marchito… Hasta mi oreja.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Silueta



Cuando el tiempo no avanza, nuestra cama suspira.
Quiere un amor marcado por siluetas de una mañana
que sola, pide una tregua de paz donde ni la Tierra gira.
Pudiendo ahogar cualquier colchón con tu mar de ganas,
que sin pudor alguno quiere nombrar un océano de vida
por mi ombligo y terminando en el hueco de mi garganta
Así que no respetemos a Gaia, hagámosle saber quién grita,
entre espejos que desean unirse a esta guerra entre sábanas.


Del sur al este mando una carta de letra ilegible, tiemblan piernas
que no conocen cansancio si no vienen sometidas a esclavitud.
Arrancando unas cadenas a un corazón que late incluso a mis hienas
perdidas en un barracón pasado que guarda llave saliendo dirección ‘Tú’.
Le pedí a Odín que me trajera la paz, apareciste; me retó como fiera
en un paseo de la muerte camino a tu labios, lengua dentro, pared de azul
que marca un fin al primer salto de la piedra en bote por una sombra certera.
¿Perdonará a mi espalda por sus pecados? Quiero que la cicatrices tú.


sábado, 12 de agosto de 2017

Tormenta


Hoy el marinero busca su tesoro perdido en medio del oleaje
intentando mirar al ojo de un huracán que solo azota su alma.
Cada ola que viene es un recuerdo que paga su alto peaje
a un baúl del que difícilmente podrá salir con zapatos de calma.
Su red sirve para pescar, no para encontrar sin luz esa llave
capaz de abrir y calmar un amor que arde entre sus peores llamas.
En sus últimas a palabras está Poseidón, suplica que su dolor acabe
con el mejor de los finales, sin ver que se hunda su barca.

Diez años atrás, durante la peor tormenta jamás vista,
la ira de las aguas intentaba volcar una humilde barqueta.
Con fuerza, un hombre agarraba la mano de su querida;
las almas del mar querían su presa y se hundiera.
Sus piernas patalean el vacío, sus ojos gritan por la vida.
Fue cuando a la Luna le tapó una ola sumida en cresta.
Las manos se rindieron, cabeza y ancla chocaron en caída.
No lo recuerda, ahora todos los días se volvieron la estrofa primera.

Plumas



Dicen que una vez hecha la maleta, la mente se hace a la idea.
Hoy soy yo quien se ata los zapatos no demasiado fuerte
con la esperanza de verte en el vagón pidiéndome que los dejara.
Que tus labios susciten un 'sí' tras vivir alejados de las suertes,
como si fuéramos ese dado trucado en el bolsillo de un camarada.
Dando vueltas por cada paso, teniendo un resultado bonito siempre
aunque aquello significara condenar la verdad a las llamas.
Al principio sólo era salir del paso, ahora hincamos en falso el diente
para un postre que no llena, sino que arde por cuerpo y alma.
Solo el mar de tus ojos nos hizo calma, pero en tus mejillas llueve
con una tormenta que arrastra nubes de desidia y rabia.
Pájaros perdidos querían volar, sin ver que soplaban vientos de la muerte.


Añoro


Su balbuceo cuando duerme,
el abrazo inesperado en la cama
que roba mi calor para su pecho.
Cuidando de su cintura y su suerte,
para no romper su sueño de almohada,
acompañado de caricias por el pelo.

Su andar sin pantalones mientras reclamo
una camiseta perdida en batalla de sus hombros,
dejando vacío mi armario para cuidar su cuerpo.
Que su titiriteo nocturno acabe con un '¿cenamos?'
para dejar que en invierno, nos cobijemos como lobos.
Que diga que hace frío por un abrazo, sin ser cierto.

Esa preocupación que funde cualquier latido helado
queriendo dejar sueños a un lado por escucharle.
Con más de doscientas noches con un hilo rojo
atado en dos dedos que añoran el tirón de sus manos.
Ver cómo nace y se desvanece el color de marcas mate
de labios que muestra el mundo en señal de amor loco.






domingo, 7 de mayo de 2017

Pájaros de metal



Hoy mi día ha sido marcado de por vida.
Dos pájaros tomaron mi abdomen para su nido
lleno de pólvora y fulgor, adelantan mi reloj de hielo.
Las pulsaciones empiezan a bajar, por protegerte; guinda.
Ya que no hace justicia que sin ellos tener alas, paren tu vuelo.
Te apellidé de la guarda, y sin escribir… Te pido


Te pido que jamás abandones la curva de tus labios,
porque gracias a ella, nuestro castillo es un lugar mejor.
Donde no hay tormentas, abordaste cada centella y cada rayo
para dejar tus miedos lejos de ti,  mientras me columpio en tus besos.
Suena el río, rompen las olas del mar y tú llegas alto.
Todo por dar cuerda al soldadito de plomo capar del universo darte.


Cada segundo que respiro se vuelve la agonía de un fin
que nadie imaginaba excepto un azar indeseable.
Arma, aprieta su gatillo y vuelvo a convertirme en ti,
me toca ser ese escudo que evita tu último desarme.
No se acaba el mundo porque sigues sonriendo conmigo aquí,
y si pudiera elegir de nuevo, mil veces más aguantaría las balas en mis carnes.


Peripeteia


Hoy te he visto salir por la puerta de mi casa con pisadas de no-retorno.
Ya han pasado unas horas y me pregunto cuánto queda para volver a verte,
todo por un mar de dudas e inseguridades creadas por humo y bochorno.
Quiero ver cómo tu piel se pega a la mía, saber que a mi cuello los dominan tus dientes.
Tiro mi futuro por la ventana con tal de que mi lengua sea víctima de tu horno,
terminar con sábanas desgastadas, empapadas y aún así; humeantes.


Cada noche contigo es un rompecabezas de nuestros cuerpos contra el sueño,
vibrando entre las estrellas por los hilos de la locura y la calma de nuestras miradas.
Volamos, nos cruzamos, nos enganchamos y ahora la costura hará que nos juntemos,
porque el mundo es un pañuelo y al mío le diste de verdad un color con esperanzas.
Quiero hacerte flotar mientras en mi espalda marcas el tesoro con su terreno,
que la cruz venga a mí, que yo vaya a ella… Verte allí, como siempre: llena de magia.


martes, 25 de abril de 2017

Incendio


Cuidar de los renglones como si estuvieran hechos con los hilos de tus sentimientos.
Los desgarré a dentelladas con la bestia que guardo en mi más profundo adentro.
Me prometí ser el protector de tu mundo, el constructor de nuestra galaxia... Pero desaparezco.
Mi humo no es por gusto, soy ese penique de doble cara: corrernos y mojarnos; o me quemo.
Aguantando las mil tempestades de viento, avivando unos ojos de odio en puro fuego,
así vivo el día a día con las puñaladas a mis pulmones donde está el cerrojo de mis miedos.
Quiero ver en tus labios el cortafuegos de mi ira, volviendo la oscuridad al cambiar rojo por negro.
Escondernos entre unas nubes de tela que dejen carbonizados mis gritos desde mi cabeza hasta tu pecho.
Sobrevolar el mar de las llamas que carboniza una piel donde no quedan hojas, completo siniestro.
Vuelo como astros, soy un ave hecho de míseras cenizas volviendo al iris de un fénix tuerto.
Quiso perder un ojo para saber todo aquello que nunca podría ver... Y en su mente apareció su último momento.
Me volví animal al dejar en un horno mis modales, conocí al Sol, sin alas de cera, con un ojo menos.
Ni mil mares, por mucho que yo lo intente, saldrán de mi alma para apagar mi propio incendio.


Sin salida



         Paso a paso, se me para el corazón del pasado por pisadas de un presente que jamás caminé. Sentí dolor por verme sufrir aunque no conseguí sacar mis piernas a volar por las alturas de un paisaje que me ahogaba. Puede que me vea sin fuerzas, llevando un perfume de desesperanza. Por eso hoy intento no respirar con verdadera pureza, no vaya a ser que me huela sin querer. Si fuera por todas las miradas que me cruzaron en el pasillo, dirían que me he curtido en mil batallas. Yo sigo creyendo que mil veces tendría el pecho atravesado por sus espadas.


         Tiemblo si pienso, si no lo hago consigo evadirme, evadirme a ninguna parte. Ahí donde me muestro todo lo que he conseguido: que se salieran con la suya. No derramaron mi sangre por sus manos, o al menos no toda. No tuve ninguna razón para seguir hacia delante, simplemente tuve algo de “suerte” ya que la tierra movió sus granos y mi dirección.


         Nadie consigue ver cómo las garras oscuras del miedo alimenta a la boca de la impotencia, dispuesta a tragarte, desangrarte o ahogarte. Mil maneras de quedarte en un laberinto del que no sabes salir; ni siquiera decidiste entrar. Las paredes te acorralan, el suelo quema y no se separa de ti; te quiere con él y para él. El viento te desnuda a cuchilladas, consiguiendo brotar la sangre de tu cuerpo como una fuente a presión. Ahora sí, tu propia alma te lo pide: acaba con esto. Pero no es así, son ellos quienes te devoran, quienes rompieron el cáliz de la esperanza. Te arrodillas, agachas la mirada en señal de derrota, rompes a llorar… Crónica de una sociedad irresponsable contra un corazón noble.



sábado, 15 de abril de 2017

Llamada a Caronte



Cerré los ojos y el atardecer perdió toda su fuerza.
Levanté mis brazos para que el viento me llevara con él,
pero no me dejó volar como alguna de tus golondrinas.
Mis pies se convirtieron en cemento y la ladera en agua,
sumergiéndome en la naturaleza sin bocanada de aire fiel.
Perdí cada tirada de los dados cuando estabas en mi partida.
Teniendo suerte en un corazón que se destiñe y naufraga
en unas olas que decoloran mis tobillos en la orilla de tu ser.
Me resiento por tus gotas saladas, dejamos de ser salvavidas
para darlo todo, un amor suicida entre jóvenes que todo aguantan.
No puedo mover mis pies, ya no veo la luz, disfruto de las vistas.
Porque aquí se encuentran mis mil barcos hundidos que nadie ve.
Solo nosotros, las enredaderas del pasado ocultas en mi caja blanca.
Las raíces pronto levantarán la Cordillera de Pandora, sin alma levadiza.
No me moverán de mi sitio, dijeron; no saben que mi lugar es la muerte,
para toda tinta que surque mis valles, a la tumba caerán sin sanas.
Pero antes, levanta los brazos, te daré un paseo por mi guarida.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Historias de vagón


Me despierto, el tren ha parado en seco. Suena una voz robótica a través del altavoz de mi vagón: “Señores pasajeros, acabamos de llegar a la Estación de Atocha. Última parada del trayecto, esperamos que hayan disfrutado del viaje. Muchas gracias y buenas noches”. Me levanto de mi asiento <<¿primera clase? Y una mierda, estas supuestas comodidades me han destrozado la espalda>>. Saco la mochila del altillo y salgo por la puerta. Hace tanto frío que la pluma que llevo en el bolsillo de la camisa acaba congelándome cada uno de los latidos. Ya no me acarician el cuerpo en esta ciudad, me deja a la intemperie del sentido común, el más desprestigiado de los sentidos.

Por más que pasan los minutos, la llegada hasta Pinar de Chamartín se me hace eterna. Voy sujeto a la barra del metro cuando de repente me fijo en una chica que hay a mi derecha. Lleva unas gafas redondas, el pelo rizado de un color castaño miel que apenas deja ver sus hombros. Su vestido terminado en una falda ancha tiene un color rosado con estampado de fresas y bordes rojos. Cruza las piernas para estar más cómoda mientras lee un libro viejo. Sus hojas amarillentas resuenan cada vez que son pasadas. Tiene una portada de cartón piedra, parece estar hecha a mano, con un dibujo de unos raíles de un tren y unas pisadas por sus placas de madera, todo en tinta negra. No consigo distinguir el título, son tres ó cuatro letras muy mal hechas <<se ha cargado la portada ese dibujante por su torpeza>>.

Me mira, aparto la mirada tosiendo hacia el lado. La observo de reojo, se ríe a la vez que mueve la cabeza; sigue leyendo. Esta simple tontería me ha puesto de tan buen humor que, por un momento, he olvidado por un momento el dolor de lumbago que me produjo aquella serpiente gigante de metal. De vuelta al mundo real, las paradas pasan pero no alcanzo mi maldita plaza, aún queda la mitad del trayecto. Mi atención vuelve a ser llamada hacia la dirección de esa lectora de libros alternativos. Esta vez es por su fragancia con un olor a vainilla. Es tan dulce que me relamo los labios <<si me pilla ahora, va a pensar que soy un loco o un acosador de éstos que anda suelto>>. Levanta un ceja mientras fija toda su atención a las líneas de un último párrafo. Suspira atónita, como si aquellas palabras le agobiaran, que le ha afectado de verdad. Cierra el tomo con las dos manos y pasa una por su frente. Nos miramos, su cara cambia radicalmente, por un segundo pausa su respiración, mis ojos delatan mis ganas de preguntarle; de saber qué acaba de imaginar o vivir. Todo para ella parece intenso. Se muerde el labio asumiendo ese pequeño instante de vergüenza. Se levanta escasos centímetros de la banqueta con un salto hacia la izquierda dejándome un hueco.

- Anda, siéntate, que te vas a cansar -me dice mientras pasa una mano justo donde ella está. Me acerco y me coloco a su lado-. Soy Lexia, encantada.

- Yo soy Landom, igualmente -los dos besos de presentación que me da son suaves, con ternura-. Perdona que te pregunte tan directamente pero… ¿Que estabas leyendo?

- Pues leía Caminante de Raíles, ¿por?

- La verdad es que te he visto una cara de agobio tremendo como si fueras un grillo en un cable lleno de cuervos.

- Buah, Landom. No exageres. Seguro que no era para tanto. Aunque te debo de reconocer que esa última parte tenía una escena que no me terminaba de creer. Me la he leído tres veces hasta que mi mente la ha asumido.

- Entiendo como te sientes, eso me pasa a mí con los personajes de una saga que leo, cada muerte o mal trago es capaz de revolverme el estómago una vez más.

- Al menos eres un chico de los que ya no quedan. De aquellos que leen. Por cierto, ¿qué géneros te gustan a ti? -me mira intrigada. Deja estirar sus piernas sintiéndose más cómoda a medida que pasa el tiempo-.

- De todo, desde los cómics hasta las novelas del gran Esteban Rey, y pasando por la poesía de Loreo Cabrada. Pero en mis ratos libres creo mis historias explosivas.

- Guau, ¿historias explosivas? ¿Cómo es eso? Cuéntame -abre los ojos y puedo verme reflejado su iris verde musgo-.

- Es simple -el metro para en “La Latina”- solo debes leer mi libro -le doy mi mochila y me levanto. No miro hacia ella, sino a la salida-. Está dentro, espero que te guste el final -figuro una pistola con la mano derecha y me disparo en la sien-.

Justo al salir al corredor, las puertas se cerraron. Me marcho andando hacia atrás. Veo cómo abre la maleta, me mira a través del cristal con una lágrima bajando por su mejilla; boquiabierta.

- Y mira que me caíste bien, ¿eh? Una pena.

Salgo por las escaleras mientras escucho mi reloj de mano pitar. 11 de Marzo, siete y treinta y siete de la mañana. UNos despiertan mientras que otros tantos no volverán a hacerlo.



domingo, 19 de febrero de 2017

Big Crunch



Andando, con zapatos de plomo fundido, sobre una cuerda de cristal.
Se rompe, caigo, tengo vértigo, miro mi caída, al lago; me estampo.
Aguanto la respiración, veo miles de burbujas a mi alrededor, no sé nadar.
Agito los brazos, pataleo como un crío en su cama, me estoy ahogando.
Me entra agua por la nariz, hostias; qué asco, trago agua; sabe a sal.
Veo que hay cosas que no cuadran, todo se vuelve geometricamargo.
Las curvas se transforman en flechas, los colores pierden su alma y piedad.
Todo avanza más lento, el tiempo se frena, mis latidos no tienen el mismo impacto.
El tendedero del universo no aguanta mi cuerpo tejido a base de realidad.
Me quedo sin calor, el mundo se aclara, el frío llega a las velas de mi barco.
Toda partícula inmóvil, no se escucha nada, sin ver cómo, dejan de vibrar.
¿Será posible? ¿Qué ha pasado? Mi mente es mi último examen, en blanco.
De repente, a la misma velocidad que antes, volvemos hacia atrás.
Todo el cuerpo me vuelve a doler, pataleo para no ahogarme; del agua salto
hacia afuera, rebobinamos como nunca nuestra mente hizo jamás.
Intento controlar mi cuerpo, me es imposible; alguien o algo me está dominando.
Trozos de cristales resurgen de las profundidades, vuelan y me acompañarán.
Se reconstruye el pequeño puente translúcido que dejó en nada desde un todo.
Los metales de mi planta del pie resurgen, enfriándose, dejando el mundo en la paz.
Ésta es la cinta de vídeo de un universo oruga que hiberna, el invierno de su Mundo Topo.
No quería que nadie le viera, pero mi mente lo sabe. Guardo su secreto. Bienvenido, Big Crunch.