martes, 28 de abril de 2015

Vendetta

Si la vida fuera una simple rosa, las personas que nos rodean y que conforman nuestro entorno serían cada uno de los pétalos de la susodicha flor. Poco a poco, con el tiempo, se irán cayendo, también habrá épocas de tempestades en las que caigan muchos de golpe, sí. ¿Y qué más da? ¿Tal vez la unión nos hace más fuerte? Si las cadenas se miden por el eslabón más débil, de poco nos sirve tener eslabones indestructibles. Si un ser humano ha sido capaz de llegar a lo más alto es porque ha dejado a todos de lado. ¿Pero qué es una flor sin pétalos? Eso da igual, lo importante es que se centró en sus objetivos y cualquiera que se interpusiera de por medio, lo echaba. Fue una persona egoísta, prefirió su felicidad a la de los demás, cosa más que lógica; ya que vida solo hay una, no más.

Con esto quiero decir que nadie debe sentirse mal si su familia o amigos les abandona, no pasa nada. Si cada uno tenemos unos retos en esta vida y así darnos por victoriosos, centrémonos en eso, es lo que verdaderamente nos llena. Apenas nos queremos dar cuenta, pero es así. Ni triste, ni gracioso, ni bonito, simplemente cierto. El gran problema es que la gente piensa que la verdad es triste, por eso mismo huyen a la religión, para creer en un mundo perfecto tras este, con su infinidad de imperfecciones. Eso sí es triste, el tener que huir. Si se van de tu lado, pon dura tu espalda, te apuñalarán. También ejercitarás tu entrepierna dando lecciones de las prioridades ante aquellos envidiosos que se marcharon, los que no aguantan ver que tú mismo puedes prosperar. Jamás, repito: jamás serán capaces de ganar a un caballo que está centrado en la carrera, sin distracciones.  

Si alguien quiere matarte, no lo conseguirá con la soledad, lo hará cuando tus sentidos y tu capacidad intelectual se reduzcan a cero. Hasta entonces, seguiremos en pie. Estoy seguro de que en este ring recibiré mil y golpes, pero seguiré aguantando y esquivando hasta encontrar el momento exacto de la vida para dejarte noqueado a través de un golpe solitario, imprevisible y concentrado. Aquellos que dicen que la vida vengará sus golpes no tienen ni idea. Le llovieron las hostias y cuando otro le pegó a su agresor, él, ciegamente, cree que fue “el karma”. Pero no es así, ni mucho menos, ha sido una venganza de otra persona que sí ha podido devolver la jugada, quedando así en paz. También hay una pequeña regla que pocos son capaces de comprender y califican por injusta: impacto por impacto. No es más que si recibo un choque con una fuerza, ya sea casi nula o descomunal, únicamente estarán en paz, en tregua si la otra persona actúa, aunque solo puede hacerlo una vez. Da igual el modo, la intensidad y el lugar donde se produzca dicha vendetta, solo tiene un requisito; el ser ipso facto.

lunes, 27 de abril de 2015

Cuerda salvaje

Jamás entendí porque un hijo tiene que querer a su padre o a su madre. Solo hacen su deber, y la mayoría ni siquiera pueden hacerlo mínimamente bien. Acaban por fastidiar la infancia de su hijo, torturando la poca simpatía que quedaba dentro de su progenitor y reprimiendo los sentimientos durante la adolescencia. Si sabéis de sobra que vais a fallar, es mejor que ni lo intentéis, ese chico preferirá que le dejen en un buen lugar donde le respeten y pueda prosperar; ya que de las intenciones no se vive, no te dan de comer, no ayudan, solo fastidian. Es que es de lógica, me parece absurdo que estén tan ciegos este tipo de sujetos. Todo el mundo acaba resultando dañado, el pequeño por la caída y vosotros al ver que vuestras energías fueron malgastadas.



De veras, yo mismo me avergonzaría por no haber hecho lo que debía en su momento exacto, pero creo que ellos no, ni mucho menos. Le echarán la culpa al indefenso, como de costumbre. También era su culpa que en su infancia no tuviera apenas atención ni cariño. Han llegado al punto en el que su hijo es un completo desconocido y les sorprende todo tipo de acciones que realiza. No es por darle libertad, no. Confunden dos acciones diferentes: desentenderse por completo y el aumentar su libertad. No es que empezárais a alargar la cuerda de la correa, no. Es que la tirásteis al suelo porque no sabéis criar a esa mascota. Por lo cual, se fue; y con ella el cabo, casualmente mirásteis al suelo y vísteis que ya no había ni animal, ni cuerda. Esa es la consecuencia de desentenderse. Cuando posteriormente os reclamen los estropicios causado por dicho animal, os desentendéis porque no podéis reconocerle y así os quitáis de enmedio.


Por lo cual, él también se irá de vosotros.  

La familia se sufre

¿Qué pasa? ¿Ahora a la gente se le ha olvidado de que la maldita base es el respeto y la aceptación de los demás? Decidme una cosa, ¿cómo se les llamaba a ese tipo de enseñanza que tiene que seguir unas pautas estrictas y si no cumplías las expectativas te tiraban cual basura…? Ah sí, REPRESIÓN. Si algo tengo claro en mi vida es que tengo el derecho de ser libre, y si a alguien no le gusta, tiene una puerta muy bonita por la que irse y no volver. Si algo he aprendido en estos últimos años es que hay gente ciega y sumida en un pensamiento estático y reprimido. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Apenarnos? No, apartarles, dejarles a un lado, como a cualquier otro individuo insignificante que nos encontremos por la calle. Yo tengo mis objetivos, mis gustos y mi propio desarrollo. Lo cual es tan respetable como el monje que vaya a Nepal de por vida o un alumno que quiera estudiar medicina. Si lo importante en esta vida es que seamos felices por nosotros mismos, y sin dejarnos influenciar por los demás; ¿por qué seguís metiendo las narices donde no os llaman?


Ya dije hace un tiempo que la familia es un grupo de seres totalmente desconocidos unidos por el simple hecho de vivir experiencias juntos, pero ¿y si no nos caemos bien? Pues nos respetamos el uno al otro y tan tranquilos, vaya, eso sería lo normal. Pero luego están esas personas que de un momento a otro, por el simple hecho de tener un gusto peculiar (el cual no perjudica a nadie excepto al propio sujeto que realiza la acción) te dejan de respetar. Sí, ese realizador o realizadora no siguió dichas pautas y miren qué le pasó, fue negada por el resto. Sin irnos más lejos, es la simple caverna de Platón, alguien toma un camino diferente y lo tachan de todo. Es una injusticia moral inimaginable. Ese acto, en mi más sincera opinión, me parece repugnante, indignante y denigrante. Jamás he llegado a sentir tanta impotencia, angustia, ira y sobre todo, pena, por este tipo de gente cuyas actitudes son tan conservadoras, sin dar lugar al cambio.


Los amigos se eligen, la familia se sufre.

Vínculo fraternal

 
No lo entiendo, de verdad. En ningún momento he podido a llegar a comprender el hecho de que una persona no pueda aceptar a otra tal y como es. Entiendo que resulte algo chocante ver que alguien no piensa igual que tú, ya que hay habría dos tipos de ética, la tuya y la del otro individuo. El problema surge cuando, al darte cuenta de un cambio, no lo aceptas, a pesar de haber sido informado con antelación de que ciertas acciones o hechos podrían ocurrir en un futuro no muy lejano. El preparar el terreno para que nada sea de golpe y así no crear reacciones drásticas. Me apena mucho el ver a personas más que conocidas, no sean capaces de aceptarme tras haber pasado más de dieciochos años a mi lado, día a día.

Es normal que una persona le desee lo mejor a otra y que crea que el camino que tomó, también será lo mejor para el tercer sujeto; pero no es así. Lo importante es que te apoyen, ver que confían en ti, que te dejan ser libre, pero que seguirás siendo su pequeño pajarito. También veo usual y corriente el hecho de que teman que este ave se haga daño al volar, pero si no lo dejaran, viviría eternamente en un nido, sin conocer el mundo, pero aún más importante: sin la libertad que nos podrían regalar.

A pesar de los malentendidos que surjan a lo largo del tiempo entre estas dos personas, siempre habrá un enlace, y es el de haberle enseñado; una especie de alumno-profesor contínuo. Dicha unión, para mí (y espero que para el resto del mundo) sea fuerte, resistente y muy duradera, hasta tal punto que pueda traspasar la barrera de la muerte. Sin más palabras... Algo mágico y trascendental.

sábado, 25 de abril de 2015

La simple vida

“La vida solo tiene dos opciones: el ser feliz en una mentira, o el convivir con los palos que nos da la realidad”.

De ahí sale el verdadero dilema moral de las personas, ya que vida solo hay una y no es cuestión de vivir cabizbajos por la tristeza. Pero tampoco podemos desperdiciar la oportunidad de ser felices. Que andamos por un camino sin ni siquiera mirar el paisaje, y mucho menos el suelo que estamos pisando, lo vemos borroso. Lo que debemos hacer, antes de seguir adelante con nuestros objetivos es el ver si lo que hacemos ahora nos renta. Tenemos que conocernos a nosotros mismos, porque de lo contrario, nos resultaría imposible avanzar. Porque, queramos o no, hay que rellenar la vida con nuestros acontecimientos. Una vez que consigamos el interiorizar y ver cómo somos, es cuando plantearemos unos retos para así cumplir con lo que realmente soñamos, el ser felices. Pero también está ese recorrido, ese medio en el que nos movemos, el entorno que nos rodea. Jamás podremos vivir sin aceptar, al menos, parte de la verdad que nos abarca el mundo. Si lo intentáramos y alguien nos obligara a mirar la pura realidad, la negaríamos rotundamente y sumiríamos en el odio a esa persona aunque nuestro subconsciente categoriza como ese momento de “dolor”. Dolor por el simple hecho de que nos ha destruido una manera de vivir a la que le teníamos aprecio y nos acogió cuando nadie pudo.

Con todo esto quiero decir que jamás tendremos una oportunidad para vivir la vida. Es imposible alargar el tiempo que tenemos, pero sí podríamos acortarlo, algo triste. Vivir cada minuto, respirar el furor que contiene cada mota de aire, el hacer de nuestra vida una melodía que no deje de parar. No hay porqué gustarle a los demás, simplemente debes de darte por satisfecho a ti. HAY QUE SER EGOÍSTAS CON NUESTRA FELICIDAD Y NO DERRAMAR NI UNA SOLA GOTA EN UNA TIERRA INÚTIL, HAY QUE VIVIR INTENSAMENTE, COMO SI MURIÉRAMOS MAÑANA MISMO.

Y así comenzó todo

Todo empezó con la presentación de la clase de primero de ESO, 15 de Septiembre de 2009. Si mal no recuerdo, era la clase de Francés, yo estaba sentado en segunda fila y entonces fue cuando decidí girarme. Frente a mis ojos había una chica con unas gafas con una pasta bastante gruesa que escondían unos ojos verdes tan brillantes como las esmeraldas y tan intensos como una guerra. Por un segundo, mi aliento frenó en seco, no podía saber si la sangre que iba por mis venas se había parado o había acelerado, estaba congelado. Tras recuperar rápidamente la compostura solté lo primero que se me pasó por la cabeza: “Me gustan tus gafas”. Como no, típica frase de un chico de no más de 13 años, ¿qué nos íbamos a esperar? Esa chica se llamaba Almudena Pérez Martínez y sí, fue, es y permanecerá como el amor de mi vida.

Yo era tan tímido que no podía ni acercar a ella, únicamente tornar la cabeza y mirarle de reojo, eso sí, me miraba cada vez que lo hacía. En cuanto nuestras miradas se cruzaban, que duraba una milésima de segundo, cambiaba la dirección para que no se diera cuenta de que la miraba. Pero eso era inútil, me ponía más colorado que un tomate y mi sonrisa llegaba de oreja a oreja. Al final de la clase, tuve la única idea decente de aquel día, hablar con su amiga, la cual estaba a su derecha. Nada más salir de aquel aula de idiomas, me acerqué ella y le pregunté si Almudena, la chica dulce de las gafas, querría venir conmigo al día siguiente, que resultaba ser viernes a dar una vuelta. No pude ni terminar la frase, se fue directa a preguntárselo y aceptó sonriendo y asintiendo con la cabeza.

Era el final de las clases, aún no me lo podía creer, no pasaron ni dos horas y ya tenía toda mi mente ocupada por unos preciosos ojos color cola, me volvieron loco. Estaba lleno de energía, se volvió una fuente interminable. Todas las tareas de la casa las realizaba a una velocidad inimaginable, incluso hice la compra en un tiempo récord. Sin darme cuenta, eran las ocho de la tarde, había terminado incluso el trabajo que les correspondía a mis hermanos mayores, que eran quienes me cuidaron durante mi estancia en Sevilla. No podía parar de pensar en qué iba a hacer mañana, ¿llegaría a darle un beso? ¿Será ella mi novia? ¿Adónde me llevará?

Fue un abrir y cerrar de ojos, sin darme cuenta, ya había pasado casi todo el día, estaba de nuevo saliendo de clase, pero esta vez no iba solo como el día anterior, sino que iba junto a un chico rubio que tenía, literalmente una ola de pelos dorados, un flequillo la mar de extraño, se llamaba Aarón Fernández Reyes, estaba en mi clase y se convirtió en mi mejor amigo, viviendo junto a él muchos acontecimientos, pero eso es otra historia. 



Yo había quedado con Tania (la amiga de Almudena) a las cinco, para ir a buscar a la que sería mi futura novia. Llegamos al patio de su conjunto de bloque, cuyas paredes estaban repletas de enredaderas, siendo imposible el poder mirar más allá de unas simples hojas. Se abrió una puerta y allí estaba ella, pero tenía compañía; un perrito. Scooby. Tengo tan difuso ese momento en mi cabeza que ni siquiera sé si le dí dos besos, le saludé verbalmente o si fue un simple abrazo. Dimos no más de cuarenta pasos y ya estábamos entrando en el Parque Miraflores. Era bastante simple, una explanada de cemento coloreado por zonas, con bastantes lagunas unidas y llenas de ranas con plantas muertas por los laterales. Empezamos a subir una cuesta no muy empinada, llegando a cruzar un puente. El cambio fue casi milagroso. Pasamos de una explanada sin apenas vegetación a un lugar lleno de césped verde y multitud de arbustos. Tornamos a la derecha, empezamos a bajar hacia el río que había en este otro lado del parque. A nuestra izquierda había una fábrica muy vieja, Almudena me contó que ahí había muchos vagabundos y yonkis viviendo. Tras ese mínimo de información, sin prácticamente darnos cuenta, empezamos a andar cada vez más y más rápido. Tania se entretuvo en un huerto cercano al río mientras que mi compañera de clase me animó a seguir hacia delante. Ya podía ver el río del que me habló en un principio. Al parecer procedía de un cúmulo de piedras en forma de cuadrado, de las cuales surgía el agua. Pasamos una valla hecha con palos de madera para acceder a él, nos sentamos en las piedras y nos miramos el uno al otro sin apartar apenas la mirada. Entonces fue como surgió la pregunta: “Almudena… ¿Quieres… Ya sabes, salir conmigo?” Ella sonrió aún más, era obvia la pregunta y ella parecía que deseaba oírla. Se tapó primeramente la boca por vergüenza y tras quitársela, pronunció el monosílabo que me cambió la vida: “Sí”.




martes, 14 de abril de 2015

Felicidad de cristal.

Llegar a ese punto, a ese límite en el que nuestro miedo a perder supera el énfasis por ganar. Miedo a ser feliz. Más de una vez nos ha ocurrido esto, ¿verdad? El conocer a una persona y de repente, saber que ella misma te llena como nadie nunca supo hacer. Alguien que tiene la sensatez o madurez suficiente para sentarse y escuchar todos tus problemas, además, por si fuera poco; tiene empatía con ello, te comprende y se dispone a encontrar una salida ya que nosotros estamos demasiado ciegos de llorar y rebuscar. 

Por todos y cada uno de los pequeños esfuerzos que está dispuesto a hacer por nosotros nos parece más que suficiente para, al menos, darle una oportunidad por su mismo aporte de confianza. Esto último es tan importante por su inmensa escasez en el ser humano, lo cual nos provoca darle ese valor tan preciado, se vuelve nuestra pequeña caja con diamantes. ¿Pero todo esto a raíz de qué sucede? ¿A qué felicidad aspiramos? A la más básica y primordial en esta vida: el sentirnos importantes, la necesidad de saber que no somos irrelevantes para el mundo en su totalidad. Si cada persona es un mundo, como comúnmente se dice, me gustaría dejar huella en una pequeña parte de este universo, al igual que esa otra persona consiguió hacer en mí.

lunes, 13 de abril de 2015

¿Sentimientos? Más bien, risa

¿Qué le pasa a la sociedad? ¿Cuál es el virus que ha infectado a esta sociedad de la que supuestamente formo parte? Pues claro, se veía venir; los sentimientos. Todos, absolutamente se dejan llevar por ellos, cosa ilógica allí donde las haya. Para empezar, el amor no existe, es un invento de los supuestamente más poderosos para así manipularnos más fácilmente. Todos nos tenemos que mover por ello y debemos ser piadosos, ya que puede que esa persona a la que le vamos a quitar la vida puede ser nuestra “alma gemela”. De verdad, es que no hay nada que me provoque tanto descojone en esta vida.


También podemos destacar el sentimiento de la amistad, ese lazo tan fuerte, resistente y flexible forjado por la multitud de experiencias vividas entre dos o más personas. ¿De qué váis? Los seres humanos somos una escoria por naturaleza, unos convenidos y egoístas como ningún otro ser en el planeta. ¿De verdad creéis que vamos a dar la vida por otra persona que seguramente nos venda por un objeto preciado? Venga ya, eso no se lo cree nadie. Aquí nadie es perfecto, por lo cual, es fácil de corromper, cual niño chico e idiota. Todos se han vuelto carne de cañón.


¿Y qué me venís diciendo del miedo? Supuestamente es un impedimento en tu camino porque creemos que el reactor de esa fobia nos creará la muerte. Total, si seguramente no merezcas vivir, ¿qué más te da? La gente debería de ser indiferente a ello, poder enfrentarse y aprender para la próxima. Pero no el “paralizarse” por culpa de ver una araña, por la ausencia de luz o ver un maldito payaso. Es que, de verdad, parecéis estúpidos. Por cosas como esas consigo pruebas más que abundantes y lógicas para ver que no sois personas que vayan a sobrevivir y prosperar, sino que seréis simple escoria, acabando finalmente en la inopia. Ya que os depara ese final tan trágico, no lo hagáis tan pesado, hacedlo ya y así no debemos aguantarnos los superiores.

La escritura me destruye

Ya no sé ni qué me produce la escritura. Gracias a ella, he aprendido a quererme, supe valorarme e indagar dentro de mí. Pero ahora que lo pienso, desde que cogí este arte, me hundo más. Me destruyo por cada palabra, cada frase, cada punto y aparte. ¿Puede que todo esto sea magia, un hechizo, una maldición o una putada en sí? Si algo tengo claro, es que se ha vuelto algo necesario, me calma, me tranquiliza. Es esa madre que te acuna y te abraza que nunca tuve. Sin ella, me vuelvo alguien violento, inestable y dejo de comprenderme a mí mismo. De una manera u otra, se ha vuelto en la piedra angular de mi vida: un virus. Sin ella, estoy perdido, pero cuanto más tiempo pasamos juntos, menos me queda de vida.



Además, en el entorno en el que vivo es una jodida mierda, no hay nada bueno. Son todo puñaladas por la espalda, compañías fantasmas y amistades llamadas soledades. Cada persona que pasa por mi lado, busca algo, lo encuentra y me abandona, es así de simple: puta conveniencia. El escribir me deja inventarme mis mundos, ser libre, poder crear sin que nadie me diga cómo debe ser y qué cosas les dejan de gustar de mí; mando yo y si se revelan, mueren con la tortura más dolorosa jamás practicada. También podemos destacar la falta de libertad que tengo por las cadenas de mi familia, que intentan moldearme para saciar su felicidad en lugar de poder mascar yo la mía y escupirla cuando me plazca; para así crecer y ser como me gustaría. Seguramente sea esa mi mayor causa, la producción de satisfacción. No tuve una infancia agradable, ni mucho menos y esto me ayudó a desahogarme como nunca. ¿Cómo voy a convertirme en hombre en una ciudad de ratas? Es una duda constante, cuya solución no es otra que borrar todas esas ratas a través de centenares de folios tintados con mi imaginación inverosímil para el resto del mundo.



También podríamos destacar eso, el saber que soy alguien que jamás pasará a la historia, cosa lógica. Pero me rentaría todo lo vivido si supiera hacer feliz a una persona, durante un instante, con mis escritos, con mis pensamientos. Saber que todo mi esfuerzo no fue en vano, que un simple rayo de mi mente, se aprecia. Muchas veces he pensado en tatuarme un tintero derramado en un libro abierto, para darme cuenta que todo se puede ir, pero que a la vez, pueden crearse cosas mejores. Muchas personas me dicen que seré un grande de la escritura. Entonces, es exactamente cuando pienso que la maldición de alguien grande es morir trastornado y joven.

martes, 7 de abril de 2015

Las pérdidas

La vida la podemos resumir en dos palabras: “perder constantemente”. No hay absolutamente nada que lleguemos a conocer, tenerle aprecio y que no se disuelva por nuestra vista si no nos disolvemos nosotros antes. ¿Pero qué implica una pérdida? Simplemente dolor, ardor, escozor y la muerte de una porción de nuestro alma, de nuestras ganas de vivir. Ya que jamás nos ha proporcionado una buena sensación el saber que nunca volverás a ver, oler, tocar, oler u oír aquello; un cambio en tu mundo y en el de otros. Tras ver que ya descansa, confundimos necesidad y deseo. Nos entristecemos por no haberle apreciado e intentamos aparentar que sacamos un lado positivo a través de las experiencias recopiladas, una absoluta mentira. Eso ya lo teníamos desde antes, y si no quisimos revivirlas en ningún momento anterior fue por el simple hecho de no prestarle apenas importancia a dicha compañía.



Estamos llenos de amargura, angustia y sufrimiento; estamos muertos. Únicamente pensamos en nuestros objetivos y no en el bien común. No entiendo porqué cambian de manera brusca al ver a ti te deparará el mismo destino: el olvido tras una vida. Intentamos buscar la vía fácil para todo hasta que no podamos aguantar más agarrados en la cuerda sabiendo que abajo permanecerá una colchoneta donde caer amortiguados; simple hipocresía existencial. El ser alguien tóxico, como una manzana cuyo mordedor fuera Blancanieves, no viene de serie. Todas estas acciones de carácter desagradable nos las han mostrado día a día por las calles de la ciudad, viendo que nadie es importante para nadie, todos a su bola y cero preocupaciones por el alrededor. Estamos perdidos en un laberinto con paredes repletas de espinas.

lunes, 6 de abril de 2015

Vida legendaria


Estas leyendas a las que llamamos "vida" tienen un antihéroe y un villano todo poderoso, destructor; un catalizador al que llamamos mundo real o verdad. Se supone que cada uno de nosotros, sobre todo tú, tú mismo eres el que lucha por tu vida para que ese gigante no sea capaz de destruirte, ni por un momento. El problema es que tiene un poderoso aliado, tan fuerte que cuando una persona habla sobre él, tiene miedo de caer en sus garras y se le cierra el corazón, la Muerte.

Nuestra misión consiste en derrotar al primero de nuestros malhechores, por partes, sigilósamente y con gran efectividad; para que así no le dé tiempo, ni encuentre una manera de avisar a su compañero. Tu vida tendrá un reconocimiento en el caso de que llegues ante la aterradora poseedora de la guadaña y te deje pasar a su paraíso, el descanso, tras haber conseguido derribar a ese gran aniquilador, que pudo con muchos, escapando únicamente unos pocos.

domingo, 5 de abril de 2015

La familia

La familia, ese grupo de personas que tiene un vínculo especial casi indestructible causado por la convivencia desde el principio de nuestras vidas. Creo que no me he equivocado, ¿verdad? Ahora yo me pregunto: ¿por qué tanto vínculo? Si en realidad ni nos conocemos tanto.

La parte que realmente conocemos de nuestros hermanos y que ellos tienen idea de nosotros es, sin duda alguna, la infancia. Los hemos visto crecer y siempre pasaban el tiempo con nosotros por no tener aún independencia suficiente. Siempre iban contigo a jugar o a dar un paseo, ya que la calle era demasiado peligrosa para ellos. Sumémosle el ser tan inocentes que te contaban sus "preocupaciones y amores", por lo cual, ya tenías todo su desarrollo escrito mentalmente.

A medida que crecen, se van alejando de nosotros, se distancian al irse con sus amigos a dar vueltas por la ciudad, porque se han echado una pareja o por salir a hacer deporte. Ahí ya no tenemos tanta consciencia de su vida, tendríamos que preguntarles mucho más profundamente, y de todas maneras, no nos cuentan todo, ni mucho menos; solo nos dan una observación superficial de la situación. Lo justo para quedarnos tranquilos y no tener preocupaciones. Si no, pensadlo. Ni nuestros padres ni nuestros hermanos saben qué hacemos cuando salimos un viernes noche, o un sábado por la tarde. Tus padres le dieron la vida a una persona que en un futuro no muy lejano se convertiría en un completo desconocido, ¿debería asustarnos o es algo natural en el ser humano?

Claro que es normal, toda persona es diferente y quiere tener su propia vida privada, teniendo a su familia al margen, ya que todos guardamos secretos para llevarnos a la tumba, incluso para esa gente a las que les contaríamos todo tipo de problemas. Por eso mismo cada ser humano resulta ser un mundo nuevo, una caja de sorpresas.

sábado, 4 de abril de 2015

Inception


Cuando soñamos, nuestra mente es capaz de cualquier cosa y, sin darnos cuenta alguna, hemos sintetizado nuestros deseos junto a nuestros miedos más profundos, capa a capa, de cárcel a cárcel. Cada momento en esa nube de nuestra mente nos hace ver que no andamos por los cielos, sino que escarvamos cada centímetro, cada milímetro para poder ver la luz. Ir hacia abajo es la única manera de seguir hacia delante en la vida, llegando al punto en el que el sueño se convierte en realidad.

¿Pero qué se ha vuelto real y qué es una proyección de nuestro subconsciente? Únicamente podemos  saber una cosa: que yo existo, que yo soy culpable. Ser culpable de todas mis desgracias y todos mis aciertos a nivel particular o global. Poco a poco, nuestro método raciovital, el cual intentamos mejorar progresivamente, acaba siendo liderado por una de nuestras fuentes: el cerebro o el corazón. ¿Queremos vivir en la proyección de nuestro corazón sabiendo que todo es mentira y que nuestro cerebro muere o queremos erradicar cada gota de sangre caliente, cada sentimiento y así afrontar una dolorosa, repugnante y triste verdad?

Perfección


Son repugnantes, no lo digo ni por ti ni por mí. Tú, persona lectora de este escrito, y yo, el autor; somos perfectos y todos deberían saberlo. Claro, como nunca nos hemos enfadado por no haber conseguido algo que queríamos, ¿verdad? Total, eso es para gente que no puede ni alcanzar sus metas, mientras que nuestro poder de realización de todo tipo de acciones sobrepasa con creces cualquier otro (sin dejar ni un mísero hueco a la duda). Lo mejor de todo es que salimos por la calle y analizamos, por encima del hombro, a todos los que nos cruzamos. Total, sus vidas son insignificantes, mientras que la tuya está plasmada de sentimientos y acontecimientos increíbles. Normal, nos vemos representados a los personajes perfectos de las novelas, ¿a que sí?

¿Cómo me iba a equivocar, si soy perfecto? Todo lo que diga será verdad, no podría equivocarme. Si digo que el resto son inferiores, es que lo son, la razón es básica: mando yo. Seré recordado como el ser superior que nadie pudo igualar, ya que con un poco de práctica y algo de entendimiento seré invencible en todos los aspectos que se propongan. De esa manera tendré seguidores que desearán a ser como yo, y quien empiece a acercarse mucho a mi pedestal, acabaré con él o ella para permanecer intacto, invicto y por siempre recordado. Jamás nos derrotarán ni a ti ni a mí, lector ó lectora. Somos perfectos ante cualquier persona o cosa.

Árbol de la vida

Jamás lo han llamado árbol, pero tiene ramas, miles, millones. En todas y cada una de ellas aguarda un fruto negro, frío, congelado y seco. En él reposan todos los pensamientos que conllevaron a cada dueño dar su último aliento a través de la salida de atrás. Cada uno permanece fuertemente unido a él. Cuentan que nunca, a lo largo de la historia, nadie ha sido capaz de devolverle el calor a cualquiera de ellos. Al contrario, muchos acaban rindiéndose por no acabar igual de helados que ellos, provocándoles el formar parte de éste, nuestro vegetal.


Su tronco es negro, como la noche. Cada alma perdida que divaga por su bosque formado por la infinidad de hojas que contiene, ha llegado a través de este gran pasadizo en forma de pasadizo, el cual le muestra su eterno futuro, mucho más terrible que su pasado ya realizado. Cada uno de los roces provoca que este fruto aumente su tamaño, aunque de manera poco considerable.


Nunca le llamaron planta, pero sin embargo tiene raíces, enormes, cuya elongación se desconoce y su diámetro no se quiere ni imaginar. Tienen una cualidad especial, y es que éstas propagan un aura oscura y tenebrosa que repele toda la tierra que haya a su alrededor, creando así un hueco en medio del subsuelo. Dicho vacío se empieza a llenar lentamente por las semillas de sus frutos, las cuales se ahorcan usando las vías leñosas que transportan la savia. Cuentan que la temperatura que allí abajo se establece es capaz de congelar un mar en apenas décimas de segundos y la contamina para la eternidad antes de que un hombre pueda pestañear.

Mundo injusto


Ya no quedan versos ni renglones. Son todo escombros a montones. Mi mente se vuelve una tormenta y mi cuerpo una malla de espinas, que cuanto más abrazas, más profunda es tu herida. No sé ni dónde tener guarida por las lágrimas y sus caídas. El problema de haber ido sin máscara fue poner en contra a los que jamás me vieron de verdad, a mis cercanías. El problema de cambiar son los nuevos impedimentos que te provocará el medio en el que intentes fluir. Mi cerebro se volvió un cactus mental y cada gota de agua parece una semilla de ricino que surca mi mejilla para querer bajar a mi boca. Oscuridad fría y eterna tras encontrar una luz durante unos segundos. Podemos encontrarnos frente a un espejo y la sombra del espejo nos dará un cuchillo para matar al diablo de atrás. Aunque pocas veces nos deja sujetarlo por el mango, provocándonos cortes contínuamente.

Titanic con pulso hundiéndose al ritmo de Triclineo mientras el restos de personas detalladas se aferran al gigante de hielo en busca de la razón y su calor falsamente reconfortante. Hasta acabar sin fuerzas y empezar a escuchar el bombo-caja madrileño. El problema es querer curar tras haber cogido fuertemente la hoja y haberme aferrado, en lugar de prevenir mientras miraba. Ahora me proviene la duda: ¿cuál es la consecuencia además del malestar alimentándose de mi mente y mi alma? Musa que permanece, encadenada, por grilletes externos, visibles para todos e invisibles para mí.

Flor de soledad


Cuando el divagar por las calles pasa de ser una afición a una necesidad. Exactamente en ese momento es cuando empieza a crecer la soledad en ti. El gran árbol de la muerte extenderá sus raíces para ahorcar tus esperanzas, una a una, sin dejarles si quiera la oportunidad de escapar. El tronco te rascará desde la garganta hasta el final del intestino, sin dejarte mover pieza. Sus hojas, junto a sus frutos, dejarán el amargo sabor en tu boca para percatarte de que ya es tarde.


Al intentar escupir sus males, la saliva fundirá tus dientes por su ácida savia, destrozando tu única manera de vocalizar. La validez de tus palabras no será jamás la deseada, provocando un distanciamiento severo por la desconfiada, sufrimiento eterno. En primavera florecerán tus malos pensamientos, en verano acabarán madurando, hasta que caigan en su otoño. Finalmente, con tu piel fría, tu corazón acabará deshojándose. La resistencia brilló por su ausencia.

¿Quién soy?

¿Quién soy realmente? ¿Nos llegamos a creer nuestras propias mentiras? ¿Será nuestro mundo real el falso para el resto? Será mejor empezar por un orden que nos facilite toda resolución, ¿no?

Si la gente preguntara por mí, tendría un cúmulo de posibilidades imbarajable. ¿Empezando por quién? Como toda persona racional, por mi familia. Mis padres dirían que yo antes era una persona tierna, muy inocente y bastante sonriente, pero que, con el paso de los años; todo ese cuadro se difuminó para finalmente acabar mostrando un autorretrato bastante diferente, pero, que en el fondo, si nos alejáramos un poco, habría cierto parentesco más allá de lo físico.

Ahora podrían pasar a mis compañeros de clases. Estos diréctamente usarían las palabras "insoportable", " impulsivo", "descontrolado", "raro" o incluso "hipócrita". Y todo por el supuesto desarrollo del mostrar mi persona. Claro que en las acciones de mi cuerpo puedo ser muy impetuoso, pero no es lo realmente importante, por lo cual, quedaría descartado.

Sería el turno de mis amigos, las personas con las que salgo al atardecer, a disfrutar de mi rato libre, etcétera. Sinceramente, creo que hay apenas tres personas a las que preguntar, ya que el resto son pasajeros de un tren que ni ellos mismos saben a dónde va a parar. ¿Triste? No, real. Muchos de las personas de mi alrededor se quedarían sin palabras a la hora de describirme, no por ser tan extraño ni tan genial «cosa que ni en sueños se me pasaría por la cabeza»; sino por el hecho de que nunca han indagado sobre mi vida personal. Seguramente les comenten que tengo una novela entre manos y se enterarían ahora. Por otro lado, esas tres personas desperdigadas podrían decir que el desarrollo de mi vida es un tanto inimaginable, pero que el final es muy previsible. Que mi persona se guarda todo para él, que jamás comparte sus secretos por una sencilla norma "si eres transparente, sabrán dónde dañarte". Que me gusta pasarlo mal en solitario, y que nadie lo sepa, ya que mi manera de desahogo es ésta, la escritura.

Por último, una sola persona sabría quién soy realmente, Landom. Es la única pareja a la cual no dejaría por nada del mundo, conoce toda mi vida: la que deseé, deseo y desearé vivir hasta el día de mi muerte. También sabe mis gustos, mis opiniones reales, mis costumbres, mis vicios, mis peculiaridades... ¿Pero por qué ser tan débil ante esta persona? ¿No ves que te puede destruir? Claro, todo eso es más que obvio, incluso para los ojos de un ciego. Pero esto es la guerra fría, ambos sabemos todo del otro, y si uno ataca, empieza el apocalipsis, muero tanto yo, como él.

Y así concluye todo, jamás sabrán quienes somos, ni por asomo, ni por oídas.