Cuando el divagar por las calles pasa de ser una afición a una necesidad. Exactamente en ese momento es cuando empieza a crecer la soledad en ti. El gran árbol de la muerte extenderá sus raíces para ahorcar tus esperanzas, una a una, sin dejarles si quiera la oportunidad de escapar. El tronco te rascará desde la garganta hasta el final del intestino, sin dejarte mover pieza. Sus hojas, junto a sus frutos, dejarán el amargo sabor en tu boca para percatarte de que ya es tarde.
Al intentar escupir sus males, la saliva fundirá tus dientes por su ácida savia, destrozando tu única manera de vocalizar. La validez de tus palabras no será jamás la deseada, provocando un distanciamiento severo por la desconfiada, sufrimiento eterno. En primavera florecerán tus malos pensamientos, en verano acabarán madurando, hasta que caigan en su otoño. Finalmente, con tu piel fría, tu corazón acabará deshojándose. La resistencia brilló por su ausencia.
Al intentar escupir sus males, la saliva fundirá tus dientes por su ácida savia, destrozando tu única manera de vocalizar. La validez de tus palabras no será jamás la deseada, provocando un distanciamiento severo por la desconfiada, sufrimiento eterno. En primavera florecerán tus malos pensamientos, en verano acabarán madurando, hasta que caigan en su otoño. Finalmente, con tu piel fría, tu corazón acabará deshojándose. La resistencia brilló por su ausencia.
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