“La vida solo tiene dos opciones: el ser feliz en una mentira, o el convivir con los palos que nos da la realidad”.
De ahí sale el verdadero dilema moral de las personas, ya que vida solo hay una y no es cuestión de vivir cabizbajos por la tristeza. Pero tampoco podemos desperdiciar la oportunidad de ser felices. Que andamos por un camino sin ni siquiera mirar el paisaje, y mucho menos el suelo que estamos pisando, lo vemos borroso. Lo que debemos hacer, antes de seguir adelante con nuestros objetivos es el ver si lo que hacemos ahora nos renta. Tenemos que conocernos a nosotros mismos, porque de lo contrario, nos resultaría imposible avanzar. Porque, queramos o no, hay que rellenar la vida con nuestros acontecimientos. Una vez que consigamos el interiorizar y ver cómo somos, es cuando plantearemos unos retos para así cumplir con lo que realmente soñamos, el ser felices. Pero también está ese recorrido, ese medio en el que nos movemos, el entorno que nos rodea. Jamás podremos vivir sin aceptar, al menos, parte de la verdad que nos abarca el mundo. Si lo intentáramos y alguien nos obligara a mirar la pura realidad, la negaríamos rotundamente y sumiríamos en el odio a esa persona aunque nuestro subconsciente categoriza como ese momento de “dolor”. Dolor por el simple hecho de que nos ha destruido una manera de vivir a la que le teníamos aprecio y nos acogió cuando nadie pudo.
Con todo esto quiero decir que jamás tendremos una oportunidad para vivir la vida. Es imposible alargar el tiempo que tenemos, pero sí podríamos acortarlo, algo triste. Vivir cada minuto, respirar el furor que contiene cada mota de aire, el hacer de nuestra vida una melodía que no deje de parar. No hay porqué gustarle a los demás, simplemente debes de darte por satisfecho a ti. HAY QUE SER EGOÍSTAS CON NUESTRA FELICIDAD Y NO DERRAMAR NI UNA SOLA GOTA EN UNA TIERRA INÚTIL, HAY QUE VIVIR INTENSAMENTE, COMO SI MURIÉRAMOS MAÑANA MISMO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario