lunes, 27 de abril de 2015

Cuerda salvaje

Jamás entendí porque un hijo tiene que querer a su padre o a su madre. Solo hacen su deber, y la mayoría ni siquiera pueden hacerlo mínimamente bien. Acaban por fastidiar la infancia de su hijo, torturando la poca simpatía que quedaba dentro de su progenitor y reprimiendo los sentimientos durante la adolescencia. Si sabéis de sobra que vais a fallar, es mejor que ni lo intentéis, ese chico preferirá que le dejen en un buen lugar donde le respeten y pueda prosperar; ya que de las intenciones no se vive, no te dan de comer, no ayudan, solo fastidian. Es que es de lógica, me parece absurdo que estén tan ciegos este tipo de sujetos. Todo el mundo acaba resultando dañado, el pequeño por la caída y vosotros al ver que vuestras energías fueron malgastadas.



De veras, yo mismo me avergonzaría por no haber hecho lo que debía en su momento exacto, pero creo que ellos no, ni mucho menos. Le echarán la culpa al indefenso, como de costumbre. También era su culpa que en su infancia no tuviera apenas atención ni cariño. Han llegado al punto en el que su hijo es un completo desconocido y les sorprende todo tipo de acciones que realiza. No es por darle libertad, no. Confunden dos acciones diferentes: desentenderse por completo y el aumentar su libertad. No es que empezárais a alargar la cuerda de la correa, no. Es que la tirásteis al suelo porque no sabéis criar a esa mascota. Por lo cual, se fue; y con ella el cabo, casualmente mirásteis al suelo y vísteis que ya no había ni animal, ni cuerda. Esa es la consecuencia de desentenderse. Cuando posteriormente os reclamen los estropicios causado por dicho animal, os desentendéis porque no podéis reconocerle y así os quitáis de enmedio.


Por lo cual, él también se irá de vosotros.  

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