Vamos, dime que todo esto ha sido una vil mentira.
Que nada de esto es real, que no hay nada mal, que no me tiras
a un baúl de los recuerdos, unos recuerdos que miras de refilón y a escondidas.
Porque yo le tengo miedo a perderme entre tanta lágrima sentida
sin saber nadar y yo para ahogarme en malos años a base de sangre fría.
No te quiero aquí, te quiero lejos. Pero por si acaso, dejo la luz encendida
para que no te pierdas al volver. Tú, norte, yo, sur; dejemos la brújula perdida.
Tú a Francia, yo contigo. Yo a Ámsterdam y tú a mi vera haciendo la estampida
de gritos a pelo con espaldas deshilachadas por mil noches sin que seas solo amiga.
Me acuerdo de ti al bajar a la calle por las escaleras,
tú me enseñaste a encajar y subir los versos de mil maneras.
Muchos de amor loco como esas miradas que guardan nuestras hienas,
comiéndonos los corazones y así no sentirlos en puerta ajena.
Corro, corre conmigo por unos raíles, no quiero pensar si te alejas;
porque todo me puede en este mundo, me vacían… Y tú me llenas.
Tu hablas del afilado hierro con el que solo hablas… ¿o juegas?
No por nada, por el saber si tus gotas son las que congelan mis venas.
Me desgarré todas y cada una de las fibras que solo muestran pena.
Porque merecemos todo, merecemos nuestros pechos como apoyo y cena.
Hoy no quiero dar lugar a los miedos, ¡qué vengas! Rompemos distancia, rompemos condenas.
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