Tengo la cabeza en Timanfaya.
Acabé por ser azteca entre tus cuerdas,
perdido de noche a la mañana, sin metas.
Quise meterme, salir y correr por todas las suelas
solas salpicando soles siendo susurros sin sistema.
Quiero ser frío con tus recuerdos y en sueños me quemas.
Esto va a un ritmo loco en playas donde no sentir pena
por toda mi sangre derramada en un plan nulo en esquemas.
Sigo muerto por dentro gracias a tus trucos; dije “gracias”, no me dí cuenta
de que perdí esencia que me llama cada mañana, me espera en la puerta.
Lo que mi mente no sabe es que mi cuerpo del techo es el que cuelga.
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