miércoles, 2 de noviembre de 2016

Salvajada



Quiero una noche llena de recuerdos para mi cuerpo
en la que nadie entre arremetiendo pero desee sueños.
Sueños por cumplir, sueños para descansar el alma de cuervo
tras haber quedado ciego por mi pico dorado de nuevo.
Así que desgárrame, a todo mi ser animal, sácalo entero
entre las mil fechorías a las que juegan nuestros dos amuletos,
enredándose por cada mirada, bajando con besos de los nuestros.
Tirando del pelo, retumbando pareces y mordiendo cuellos
es el ritual de mi carne ardiente frente a tus curvas de espejo.
No me lances, no me tires, guárdame esta noche, soy tu recuerdo.


Aunque nadie pueda aguantar hoy mis grandes fuerzas
yo sí puedo destrozar el mundo por romper estas cadenas.
No son de oro ni de níquel, así que convirtamos esto en selva,
libres, deseando cazar de verdad, oliendo que hay carne fresca.
A mí me llamas pantera, corro, te clavo mis zarpas y tú, gacela
que no quiere huir tampoco, solo espera no levantarse cerca.
Porque cuando lo haga, tendrá un baño de vida por haber sido presa.
Hoy me tiro a ese hueco vacío al que de noche no me llevas,
volaré dentro de él, caeré centímetro a centímetro en la profundidad en tus piernas.
Las mías ni se inmutan, no revientan, están deseosas de más caderas.


Vuelve la luz de la mañana y solo veo mil notas en una lista:
"repite, repite, intercala, cambia y sigues en mundo autista".
Porque sí, porque la sed del mundo no es comparable a la mía
cuando te veo pasar por la calle y no te saludo por melancolía.
Arráncame de una vez la ropa a dentelladas, acaba conmigo; tú sí sabías.
Yo no te quiero, tampoco te echo de menos, pero por ti; me oscurecería
si el universo fuera solo Tierra, Luna y fuente del amor. Baila o abre la puerta, niña.


No hay comentarios:

Publicar un comentario