jueves, 10 de noviembre de 2016

Volar sobre Troya


Hoy solo quiero volar por esas olas que llaman nubes y yo aún no toco,
siendo ellas mi meta en la vida y dejar atrás todos esos sueños rotos.
Porque nunca nada me dió tanto calor como tus mil y una vueltas,
dicen que fue todo casualidad, que tampoco es para tanto… Bendita coincidencia.
Por todo esto y más sigo vivo, por mis fuerzas, y mi alas en un cielo rojo
que lo teñí así anoche porque no quise ver nublado, quise ver al lobo.
Ese animal tan escurridizo que huye por mi corazón, entre todas sus montañas,
siendo mi cordillera de latidos su lugar favorito para cobijar a su futura manada.
Me diste mucho miedo, no te lo niego, pero me diste alas y eso es más que todo,
nada se equipara, ni se vuelve en mi contra, ¿porque para qué? Si derrumbé el muro del morbo.
Distinto y parecido, nuevo pero resulta familiar, es una nueva hoja con nuevas tintas
que no dejo de releer para ver si hay una falta de ortografía en mis cientos de salidas.
Me encanta morderme, me enamoré de mis labios, de los tuyos y sus sorbos,
sorbos a una piel que estaba llena de jugo; mientras que para ti ha sido como agua sin nodos.
Sé que todo me va a salir bien, que nada me derrumbará este preciso esquema
que solo se ve de noche, porque es como yo, con estrellas se lanza y vuelta.
Soy un ángel de la paz, recorro mi mente y no termino de estrellarme por tu apodo
de aire cálido con tacto gélido. Eres esa geisha que aguarda desnuda en agua de coco.
Revienta, destroza y no dejes nada en pie, porque mi templo solo lo pisan gladiadores,
que una veces vienen a saquear mi sangre, mi vida; por no tener alma, valor, ni tampoco colores.


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